El acto de Aung Myat Ko (1a Parte)

Hace unas semanas me pasó algo insólito. Viví una experiencia que me dejó perplejo un buen rato. El protagonista de esta historia es un estudiante de ingeniería birmano, tiene 19 años y se llama Aung Myat Ko.

El monasterio se llenó de gente durante el período del 8 al 21 de abril, debido a la festividad del año nuevo birmano (17 de abril), muchos deciden pasar estas fechas en centros de meditación como Pa’Auk Taw Ya. Algo que me sorprendió fue la edad media de los nuevos «civiles», ya que la mayoría eran muy jóvenes. Cris, Matt y yo nos hicimos especialmente populares; tanto es así que intercambiamos emails y Facebook con varios de ellos.

Una vez contextualizado el momento, os cuento mi relación con Aung. Resulta que el chico se acercó tímidamente a mí una tarde. Hasta aquí todo normal, ya que antes que él algunos de los nuevos habían hecho lo mismo. Su inglés era impecable. Era interesante ver como se tomaba su tiempo para construir las frases antes de decirlas. El resultado, cero errores gramaticales y de vocabulario.

Al día siguiente de conocernos se volvió a acercar a mí para pedirme permiso para pasarse por mi kuti por la noche. Tenía algo que decirme. ¿Cómo iba a decirle que no? ¡Qué expectación! ¡Qué misterio! Quedamos a las 19.30, justo después de la última meditación del día. Llegué una hora y cuarto tarde…

Ese mismo día coincidió que Cris se puso enfermo, así que al salir de la meditación me acerqué a su kuti para interesarme por él. De camino, me encontré con Matt y me quedé con él tomando un Coffee Mix hasta pasadas las 20.30. Al llegar al mío, me encontré una bolsa en el suelo con un zumo de naranja, varios paquetes de galletas y uno de kleenex. ¡Horror! ¡Se me había ido totalmente de la cabeza! Me giré automáticamente en busca de Aung y, por suerte, lo encontré. Me estuvo esperando todo ese tiempo.

Lo invité a entrar al tiempo que me disculpaba por mi retraso. Fui absolutamente sincero con él. No me inventé ninguna excusa para cubrir la vergüenza que sentía en el momento, pese a estar tentado de hacerlo. Como ya sabéis, hace unas semanas que decidí cambiar ciertos patrones de comportamiento, y esta no es más que una nueva muestra de ello. Nos sentamos en el suelo y empezó a contarme a qué venía su visita.

Para la segunda parte de la historia, tendréis que esperar un par de días… 😉

Estrés… ¡¿y eso que es?!

No contar con tecnología, ni distracciones de otro tipo, puede parecer aburridísimo. De hecho, los primeros días lo es. Pero una vez te acostumbras a pasar solo varias horas al día «sin nada que hacer» aprendes a valorar otras cosas. Según como me siento, las dedico a meditar, leer, escribir mis notas de lo que voy aprendiendo y/o los siguientes posts para el blog, o simplemente contemplar la naturaleza.

Jamás me había parado a mirar la vegetación. Un día, cansado de meditar a las 14.30, decidí no practicar la ‘walking meditation’ y sentarme en las escaleras que llevan al Sima Hall (sala principal). Me quedé atónito con el movimiento electrizante que hay en los árboles y arbustos cercanos. Mil variedades de pájaros, insectos de formas indescriptibles y ardillas gimnastas captaron toda mi atención.

Observar la ley de la naturaleza en todos y cada uno de los seres que puedo ver se ha convertido en un extraordinario ejercicio. ¿Existe mejor forma de entender la impermanencia de las cosas?

Me he dado cuenta de que no hay dos días iguales. Obvio. Lo sé. Pero lo he experimentado por primera vez… Ayer vi una pelea entre salamandras de varios colores y hoy busco en el mismo lugar a ver si se repite. Pues no. Otro día veo insectos atareados alrededor de una flor, y al día siguiente la flor está completamente sola, impasible, gozando del sol y sin esperar ser polinizada. Eso llegará, o no. ¿Qué más le da? Está al sol y punto. ¿Por qué debería preocuparse? No importa nada más que recibir el sol. ¿Cuándo? Ahora.

Desde los árboles que crecen de lado en busca la luz del sol porque otro más grande la obstaculiza, hasta las hojas medio devoradas por insectos microscópicos, pasando por las carreras de ardillas gigantes y los vuelos rasos de los pájaros, estoy intentando aprender. Aprender a ser transparente con lo que hay, es decir, a no juzgar lo que sucede. Aceptar las cosas tal cuál vienen y reaccionar en la medida que corresponda a la situación dada.

Esperar repetir una experiencia, o simplemente recordarla muy a menudo, me ha hecho perderme numerosos momentos irrepetibibles. Lo mismo ha sucedido cuando he anhelado intensamente que se dieran situaciones futuras que escapaban a mi control. ¡A ver si con estos ejemplos aprendo de una vez!

Esta reflexión no implica dejar de planificar ciertos aspectos de mi vida ni permanecer impasible ante situaciones negativas. Lo que quiero interiorizar es dejar de estar tan rematadamente enfocado al futuro y al pasado. He pasado así 29 años, perdiéndome lo mágico del momento presente estando desilusionado, triste o decepcionado por no volver a ver la pelea de salamandras de colores con la que aluciné ayer o perdido en la definición de infinitos escenarios posibles acerca del próximo paso adelante en mi vida.

Lo mejor de todo es que me he dado cuenta. Será interesante ver cómo hago para lograr adaptar y mantener estos aprendizajes en mi vida «real» en Barcelona…

Los grandes detalles de Pa’Auk Taw Ya

Dedico este post a contaros mi rutina diaria, aparte de la meditación. Pese a no contar con lujos a los que estoy acostumbrado como comidas y reuniones familiares, una caña con los amigos de vez en cuando, internet o los entrenamientos nocturnos de fútbol, entre muchos otros, aquí no tengo tiempo para aburrirme.

Ya no madrugo tanto. Llevo algo más de dos semanas sin ir a la primera de las meditaciones a las 04.00. Me levanto a las 05.35, me arreglo y voy directamente a gozar del suculento y contundente desayuno. A continuación, me reúno con Gunananda (el ‘Samanera’ anteriormente conocido com Cris) y vamos al kuti de Vipassi a meditar hasta la hora de comer.

Tenemos una gran suerte de habernos topado con este monje mexicano, ya que aparte de su dilatada experiencia en meditación, es psicólogo. Ha resultado ser especialmente inspirador y didáctico en todo lo referente a nuestro aprendizaje meditativo y al enfrentamiento, inevitable por otra parte, de las cargas emocionales que traíamos dentro. El proceso fue duro al principio, pero está resultando ser más que liberador.

Estoy progresando enormemente en temas de concentración y meditación y, más importante todavía, mi paz interior crece día a día. Tanto es así, que ya estoy pensando en la manera de cómo me gustaría compartir todo lo que estoy aprendiendo, con aquellos/as que podáis estar interesados/as, a mi regreso.

Después de comer, descansamos un rato y volvemos a juntarnos a las 14.00 para seguir meditando. Algunas veces estamos juntos hasta las 21.00, hora a la que nos dirigimos a nuestro kuti a dormir. Los días que terminamos más pronto, solemos dedicarlos a reunirnos con Matt, Mokkhita (Markus) y Utinna (Hugo).

Hace unas semanas descubrimos una plataforma con vistas increíbles. Este es nuestro lugar preferido de encuentro para dar por finalizado el día. Intentamos llegar alrededor de las 17.30 para poder ver la puesta de sol y la aparición de las estrellas y la luna. Me encanta. Nos tumbamos en el suelo y compartimos ese momento. Algunas veces mantenemos largas conversaciones y filosofamos sobre nuestras vidas. Otras, en cambio, simplemente permanecemos en silencio.

Es espectacular poder vivir los primeros pasos de la temporada de lluvias. Se pueden ver incontables relámpagos en la distancia a la vez que el cielo estrellado justo encima de nuestras cabezas. La realidad es que no podremos seguir yendo cuando empiece a llover porque está bastante alejada y porque no hay nada que nos proteja del agua, ni de los rayos.

Nuevamente, un ejemplo de la ley de la naturaleza: la contemplación del cielo desde una plataforma de cemento, es impermanente…

Ya llega la estación de lluvias, ¡Qué emoción!

Esta mañana ha caído un gran chaparrón acompañado de rayos y truenos. Es el cuarto día que amanece así en las dos últimas semanas. Me he estado informando y esto ni siquiera es el principio.

A fianles de este mes de mayo el cielo empezará a cubrirse, las nuves de vapor a distintas temperaturas chocarán provocando intensos rayos y truenos ensordecedores, dando paso a lluvias torrenciales. La intensidad y frecuencia de los aguaceros irá en aumento hasta la segunda quincena de junio. A partir de ese momento, viene la estación de lluvias de verdad.

Agua, agua y más agua, y humedad cercana al 100% serán mis nuevas compañeras de viaje. Estoy expectante por ver cómo sienta el enfrentarte a tantos días remojado estando acostumbrado a los 300 días anuales de sol de Barcelona y a que llevo más de tres meses en camiseta, pantalón corto y andando descalzo. Ya me han avisado de que secar la ropa e impedir la formación de moho serán mis retos diarios.

Se ve que el sumum se produce en los meses de julio y agosto, donde parece que estén tirando cubos de agua desde el cielo durante 22 horas diarias. No sé si por esas fechas seguiré aquí, pero me han dicho que los paraguas están reforzados con una doble capa para poder aguantar tales condiciones. ¡Qué pasada, ¿no?!

Se ve que los truenos son muy, pero que muy fuertes. Vipassi y Puniananda, mis amigos monjes occidentales, dicen que alucinaron en su primera estación lluviosa. También me han dicho que mi kuti está situado en una zona privilegiada ya que estoy muy cerca del cauce de un río, que ahora está seco, donde se forma una bonita cascada. El Dinning Hall me queda a 5 minutos andando, así que seré de los que menos deberá mojarse para llegar hasta allí.

El único contra que preveo a estas alturas, será llegar hasta el ciber-café al que suelo ir cada 15 días. Tardo unos 45 minutos de ida y otros tantos de vuelta andando. No sé cómo me lo voy a montar para seguir escribiéndoos. Es probable que me cueste mantener el ritmo de colgar un post cada 5-7 días como hasta ahora, ¡pero lo intentaré!

Qué ganas tengo de vivirlo. Nunca he estado viendo llover durante más de 5 o 6 días seguidos. Pero todo en su determinado momento, ahora toca calor seco y ventilador…

¡El pasado 21/04 fue mi primer Mes-Versario!

Os escribo desde mi kuti, mi hogar desde el pasado día 6 de abril. Así es como llaman aquí a las casitas de madera de unos 6 metros cuadrados, y de uso individual. Pasé las primeras 16 noches en la Sangha Office, el edificio destinado a los extranjeros. Compartí la habitación con Cris en las 5 primeras, pasé 7 solo y luego vino Viktor, un malasio con el que compartí 4 noches.

Esta fue mi primera habitación. No perdáis detalle del »colchón»:

Aquí podéis ver mi kuti. La calidad de las fotos no demuestra todo su esplendor, pero os podréis hacer una idea:

La verdad es que aquí estoy mil veces mejor instalado. En primer lugar, todo el espacio es para mí. Y, en segundo, dispongo de un par de lujos que no tenía en la Sangha Office: un ventilador y un calentador de agua. Gracias a él puedo tomar la bebida más típica del país, el Coffee Mix. El nombre engaña, ya que los sobres de 20 gramos suelen tener un 4% de café, un 50% de azúcar, un 40% de leche en polvo, y el 6% restante debe ser materia oscura, porque en ningún lugar indica de qué sustancia se trata. Lo hemos rebautizado como Sugar Mix. Por suerte, encontramos un pack de 50 sobres que contiene el 12,9% de café. Coincidió que era el más barato, con diferencia, de la tienda más cercana al templo.

Estoy contento porque un monje novicio alemán que dejó el templo hace unas tres semanas me cedió su aislante de acampada, así que mi »colchón» ha ganado un centímetro de grosor. No sabéis cuánto se agradece. Otro aspecto positivo es que me levanto cada día con una cara sonriente mirándome fijamente:

No es nada raro, ni forma parte de ningún tipo de magia negra o budú. El tema es que en uno de los pasos más avanzados en la meditación se realiza un análisis del cuerpo dividiéndolo en 32 partes. Una de ellas, es el esqueleto. De ahí que algunos meditadores utilicen fotos para poder llegar a percibirlos con más claridad.

Un hecho del que no os había hablado hasta ahora es que nada más llegar, pudimos observar que la costumbre acerca de las flatulencias y los gargajos se mantenía. ¡Por dios, qué exageración! Aquí se cortan todavía menos que en el curso de Goenka. Igual es porque solo hay hombres. Hay algunas sesiones de meditación en las que es realmente difícil concentrarse. Me siento al lado de Matt y el muy… sigue intentando cubrir sus risas con una tos falsa. Por suerte, no se me ha escapado ninguna carcajada, de momento.

Ya os comenté de la fascinación que genera un rostro occidental en Myanmar. En Pa’Auk Tawya no es distinto. A lo largo de estos días me he hecho »coleguilla» de dos chicos birmanos. El primero de ellos (21 años) ya se fue del monasterio, y se llamaba Phyin Nyar Sar Meet cuando era monje. Su nombre »civil’ es Phyu Wai Linn.

El segundo es algo más joven (19) y se llama Myu Dhu. El chaval es muy tímido y no ha parado de seguirme y llamarme Mr. Mak mientras ha estado en el monasterio. Algo que no os había contado todavía es que los asiáticos no saben/pueden pronunciar la »r» de mi nombre, así que ya me presento directamente como Mak. Le regalé una pulsera de las que llevaba y él me correspondió ofreciendome un longhi (una prenda masculina típica de Myanmar).

Como no podía ser menos, he identificado un par de nuevas casualidades. La primera de ellas, es que el día 14 de abril empezó la festividad por el fin de año. No es que sea nada del otro mundo, pero me hizo gracia saber que coincidía con mi cumpleaños y que estaría aquí para celebrarlo sin haberlo planificado con anterioridad.

La segunda casualidad tiene que ver con el número de mi kuti. El 47. Resulta que era la edad de su anterior huésped: Pierre. Un tipo canadiense con el que me entendí a la perfección. Mantuvimos larguísimas charlas acerca de la experiencia del momento presente y de como estar atentos para poder introducirlo de pleno en nuestras vidas de forma permanente. Es voluntario en un centro donde se realizan retiros parecidos al de Goenka, a 1,5 km del templo de Suann Mokh, en Tailandia. Es probable que vaya a verle y a hacer el retiro cuando salga de aquí. Veremos.

La conexión con el número 47, no acaba ahí. Yo entré en el kuti cuando tenía 28 años, que resulta de multiplicar 4 x 7. Ahora, con 29, sigue habiendo una relación entre las cifras. Ambas son números primos. A su vez, si sumamos 2+9 y 4+7 nos da 11 (también primo).

Debo aclarar, para quien no lo sepa, que mi fascinación por los número empezó a muy temprana edad, cuando sumaba los números de las matrículas de los coches cuando mis padres me llevaban a la escuela. No he cambiado ni un ápice en este sentido. 😉

La intrahistoria de mi vida monástica

Aprovecharé este post para contextualizaros un poco más detalladamente lo que ha sido mi vida en estas últimas semanas. Desde que llegué a Pa’Auk Taw Ya he seguido los siguientes preceptos. Estar atento al correcto cumplimiento de cada uno de ellos te permite estar concentrado más tiempo en tu día a día y, así, incrementar tu rendimiento en la meditación:

1. No matar (aquí se incliuye cualquier ser vivo: mosquitos, hormigas…). Si pasa por accidente, no hay problema, pero debemos estar atentos constantemente
2. No robar ( no coger cosas de otros sin su permiso explícito)
3. No mentir
4. No cometer actos sexuales
5. No tomar intoxicantes (alcohol, tabaco, drogas)
6. No usar perfumes, colonias o derivados, ni lucir decoraciones corporales (aunque me dijeron que podría seguir llevando mi pendiente)
7. No dormir en una cama lujosa
8. No está permitido el entretenimiento relacionado con música o vídeos, entre otros

En términos de calidad de vida, este monasterio es todo un lujo. Cuenta con unas instalaciones y equipamientos inmejorables para la meditación, está «dentro» de la naturaleza, la comida vegetariana es muy variada y los monjes adoran ver a occidentales, así que no paran de sonreírnos y ofrecernos su ayuda cuando nos ven pasar.

Existe una doble clasificación en cuanto a las personas que viven aquí, los monjes o Bikkhus y los novicios o Samaneras. La diferencia entre ellos es el número de reglas que deben respetar. El primer grupo está regido por 227 y el segundo por 75. La más destacada, para mí, es la que impide a ambos manejar dinero.

Aquí aparece la figura del Kappyia, que es la persona que gestiona las compras externas de cada monje. Actualmente hago de Kappyia de Hugo y dos monjes de los que me he hecho amigo (Vipassi, mexicano, y Puniananda, alemán). Matt es el Kappyia de Cris y Markus, aunque también le echo un cable a veces. Nota: ¡con México sumo 27 nacionalidades!

¿Os podéis imaginar la vida sin el dinero? Es difícil, por no decir casi imposible, de concebir en occidente. Aquí es distinto. Tus necesidades están totalmente cubiertas en el monasterio y, si necesitas algo, tan sólo tienes que pedir ayuda. No es tan dramático, ¿verdad?

Como habréis podido intuir, Cris Markus y Hugo se han ordenado monjes novicios. Sus nombres budistas, en lenguaje Pali, son Gunananda, Mokhita y Uttinna, respectivamente. La intención de los dos últimos es quedarse aquí de por vida, y Cris será monje tan sólo unos meses. Las apuestas indican que el siguiente del Meditation Team en ordenarse Samanera temporalmente seré yo. ¿Qué os parecería verme con la cabeza afeitada y vestido con una túnica?

Por último, me gustaría deciros que me he liberado de tres cargas más: las llaves, la cartera y el móvil. No llevo nada en los bolsillos desde que me mudé al kuti (cabaña de madera) el pasado 6 de abril. El peso físico no es nada, pero ¿cuánto tiempo hace que miráis bolsillos, mochila o bolso antes de salir de casa? Ese peso sí es significativo.

Por cierto, he decidido alargar mi visado de meditación 6 meses. Ya os contaré si decido moverme de nuevo o mi viaje acaba aquí.

Happy Birthday in Monk-Land!

En primer lugar, me gustaría deciros que he añadido algunas fotos en los posts ‘La Ley de la Naturaleza: todo es impermanente‘, ‘Inocencia y Generosidad en estado puro. The Meditation Team‘ y ‘14 / 04 1984‘. No están todas las que tengo, pero algo es algo, ¿no? 😉

Mi primer cumpleaños lejos de casa fue enormemente emotivo. En primer lugar, porque noté la distancia con vosotros/as más que de costumbre; no estar conectado vía Whatsapp, Facebook o Email fue menos cómodo que el resto de días aquí. Aunque unos días tarde, he podido recibir todos vuestros mensajes. Moltes gràcies!! Us sento molt a prop tot i estar a 16.000km de casa. D’aquí menys de 8 mesos em tornareu a tenir per aquí donant la tavarra! 😉

En segundo lugar, mis amigos y compañeros de meditación fueron más que generosos conmigo:

– Cris, que hace macramé desde hace unos meses, me regaló la mejor pulsera que ha hecho hasta el momento. Ha debido invertir en ella unas 15 o 20 horas
– Markus me dio su bolso Karen y un tubito de Vics Vapour Ups birmano
– Matt me compró una lamparita con batería recargable para que peda seguir escribiendo mis notas por la noche, cuando se va la luz (algo que sucede a diario desde que llegamos a Myanmar), en la libreta que la Pauli me regaló antes de irme
– Hugo, un chico francés que ha venido para ordenarse monje, llegó al monasterio 6 días después que nosotros y con el que hemos establecido una estrecha relación, me escribió una nota muy cariñosa

Os transcribo los mensajes que me dejaron cada uno de ellos, en versión original. No se me ocurre una mejor forma de compartir sus muestras de cariño y aprecio.

1. En la tarjeta común: Happy Birthday Cumpleaños

– Markus: Happy birthday my Dhamma brother. May you keep growing on thids wonderful path. 🙂 It makes me happy to see you shinning more and more everyday
– Cris: My good friend Mark, a big hug in this day of your 29th springs (as we say in Chile, actually now are 28…). It’s good to celebrate it with you and for you, agradeciendo que te hayas cruzado en mi camino y andemos juntos un rato, compartiendo aprendizajes, sonrisas y temores. Para mí un gran gusto!!! Salut!!! Con cariño, Cristóbal.
– Matt: Happy birthday my hairy Spanish friend. May Dhamma be with you always and may our journey together continue in this life and the next. Love, Matt Man.

NOTA: aquí os paso un enlace con el significado que tiene Dhamma para los bufdistas.

2. En la tarjeta de Hugo: Cumpleaños Feliz Marc

Puisse cette année être porteuse de fruits sains et positifs pour ce à quoi tu aspires. Comme tu dois l’imaginer, je ne suis pas attaché aux choses matérielles mais je fais une éxception à la règle en t’écrivant ce méssage. C’est qu’un Dhamma friend n’est pas un ami comme les autres… Sache que j’apprecie beaucoup lorsque l’on partage nos éxperiences méditatives et lorsque j’essaie de t’aider quand tu as des questions. Ceci dit, il ne faut pas en abuser car cela peut être plus perturbant qu’utile parfois. Mais toujours est-il que j’essaie de faire au mieux pour répondre à tes interrogations et cela m’enchante grandement. En ce qui concerne le futur, j’éspère que tu seras en mesure de choisir la meilleure voie parmi les options que tu as. Peu importe celle que tu choisiras, je te souhaite un maximum de réussite et de bonheur. Et si tu choisis de quitter Pa’Auk Taw Ya, je serai heureux que l’on puisse communiquer de temps en temps par Email. Finallement, le français aussi t’a écrit une lettre 🙂 Encore bon anniversaire. Puisses-tu être heureux et en bonne santé. Puisses-tu être libre de souffrances. Hugo

Al terminar el día, me acerqué a Cris y le dije que había alucinado con la actitud de todos hacia mí y el me contestó con un simple: ‘será por algo…’. Sonreí y me fui a dormir.

Marc Granja FM: Mi radio mental

¿Alguna vez os habéis parado a escucharos y os habéis dado cuenta del ruido que tenemos dentro de la cabeza? Pues bien, yo estoy en ello. Creía que lo hacía desde hace unos cuantos años, pero lo cierto, es que estoy empezando ahora. ¡Madre mía! ¡Es exagerado! Constantes alusiones al pasado, y todavía más al futuro. La mente no para en ningún momento. Ruido, ruido y más ruido. Todo son distracciones que nos impiden gozar del presente.

Os cuento mi experiencia. Siempre me había considerado independiente, así que buscaba y gozaba de mis momentos de soledad asiduamente. Cuán equivocado estaba. Aquí SÍ que me he sentido solo. Lejos de vosotros/as, de Barcelona, Vilanova, mi piso, el deporte, y un larguísimo etcétera de las cosas que llenaban mi vida, he vivido momentos de desesperación y auténtico pánico.

Perdido en un mar de dudas y con sensación de vértigo constante por la distancia, no paraba de imaginar planes de futuro: volver a casa en mayo, quedarme en Asia hasta finales de año, buscar trabajo en Tailandia, China o Australia… todos ellos con final trágico. Cada vez que me sentaba a meditar salía con un objetivo nuevo; y me siento cinco veces al día, ¡qué estrés!

Me he dado cuenta de una cosa, una raíz común en todas mis preocupaciones a futuro: el dinero. Resulta que le tengo miedo. Bueno, más bien a la idea de quedarme sin. Yo que iba de hippy y que no lo necesitaba para nada… Para hacer frente a esta planificación exacerbada del futuro, he desarrollado, a lo largo de mi vida, una obsesión por el control. ¡Primera gran área de aprendizaje detectada! Ahora ya la reconozco cuando aparece en mis pensamientos.

Puedo observar tranquilamente como aparecen nuevas ideas de cuál va a ser mi próximo paso y ser consciente de cuando se van. Estoy experimentando por primera vez en mi vida la ley de la naturaleza: todo es impermanente. Especialmente los pensamientos. Los ves venir e irse sin parar. Eso sí, tengo una ventaja. Estoy en un sitio donde no tengo acceso a internet, ni teléfono, ni nada que me conecte al »mundo real». No puedo seguir mis impulsos. Es una gran ayuda porque cuando tienes dibujado el plan perfecto y no lo puedes ejecutar al instante, te dices a ti mismo, en 3 días me conecto y hago esto o lo otro. Al día siguiente ya no estás 100% seguro, pero seguirías para adelante. Al siguiente, salen nuevas opciones que te hacen dudar. Y, al tercero, ya estás metido en otro plan que nada tiene que ver con el diseño original.

Las ideas vienen y van. La clave es darse cuenta y gozar de lo que tenemos entre manos, o sea, del presente. Por ejemplo, hasta hace unos días no me había dado cuenta de lo bonito que es este sitio. Vivía dentro de mi cabeza, totalmente identificado con mis pensamientos (qué mal estoy, ¿qué hago aquí?, ¿dónde están mi mujer, mis hijos, mi casa, mi plan de pensiones…? ¡seré imbécil!, me he equivocado otra vez…) y a punto he estado de perderme las maravillosas cosas que el universo me está ofreciendo aquí. Sólo quería irme. Huir. Este monasterio sólo ofrece presente, el pasado y el futuro no existen. Por eso me asustaba tanto. Nunca, o muy pocas veces, había experimentado la sensación de estar presente.

Mi segunda gran detección tiene que ver con la vergüenza. Estoy casi seguro que tiene su raíz en el miedo. El miedo a no cumplir con las expectativas que los demás tienen puestas en mí y que, inconscientemente, he hecho mías a pesar de negarlas prácticamente a diario. Miedo a no ser el Marc Granja brillante, con un estatus por encima de la media, millonario, que nunca va a quedarse calvo, a engordar ni envejecer, en definitiva, el que nunca va a fallar. ¿Os imagináis que presión? ¿Os ha pasado algo parecido a vosotros/as también? Ruido, ruido y más ruido. Lo más absurdo de todo es que es totalmente innecesario en nuestras vidas. Con la de cosas que hay por sentir, descubrir y compartir…

El budismo se basa, fundamentalmente, en estar en contacto con tu naturaleza más profunda y dejarla fluir sin impedimentos. Pues bien, esto es lo que hago en Pa’Auk Taw Ya. Estoy liberando mi mente. Estoy aprendiendo a hacerme consciente, estando atento al presente y dejando pasar todas aquellas ideas que surjen en mi interior. Tanto las malas como las buenas. La meditación no se basa en pensamiento positivo.

Os animo a que os auto-observéis. A que busquéis patrones de sufrimiento que surjan a menudo en vuestros pensamientos. Miradlos bien. ¡Son mentira! ¡No existen! Lo único real, es el momento en el que vivimos. No es difícil, solo hay que aprender observar sin juzgar.

Os propongo un ejercicio: elegid una actividad rutinaria que hagáis a diario (fregar los platos, comer, la ducha matutina, conducir hacia el trabajo…) y prestad toda la atención a lo que hacéis en ese momento. No penséis en qué haréis luego, o qué pasó ayer. Deleitaos con el momento presente. Lavad el tenedor, el plato y el vaso como si no lo hubiérais hecho nunca. Sentid el agua caliente, el olor del jabón, el tacto de vuestras propias manos en la cabeza como si nunca antes hubiérais podido ducharos, o como si fuera la última vez que lo fuérais a hacer. Cuando lo hagáis, si os apetece, ¡compartid la experiencia conmigo! Quizás vuestro ejemplo anime a otros/as a probarlo 😉

Pa’Auk Taw Ya: El Aterrizaje

Los primeros días aquí han sido una auténtica montaña rusa emocional. He pasado de tener una profunda sensación de soledad a la calma más absoluta en apenas unas horas. Así, día tras día durante la primera semana y media. De todos modos, antes de entrar más en detalle en mis descubrimientos personales, prefiero contaros un par de historias que he vivido en este monasterio budista.

A los tres días, Markus, que ya vivió 6 meses aquí el año pasado, nos llevó a la casa del árbol. Una construcción en mitad del bosque hecha con tablones de madera a unos 5 o 6 metros de altura y que cuenta con varias plataformas para meditar. Está a unos 15 minutos de la sala principal de meditación, llamada Sima Hall. Las vistas desde la parte más alta te dejan anonadado. Todo es vegetación, mires donde mires. Da la sensación de que el tiempo se detuvo hace miles de años y que todo ha permanecido absolutamente igual. Siguiendo los criterios de seguridad y prevención recomendados por la doctora del Hospital Clínic que me pinchó las vacunas, fuimos hasta allí descalzos (nota: estoy siendo irónico).

Unos días más tarde, hicimos una caminata por lo que aquí denominan bosque, aunque yo lo llamaría selva, para visitar el sitio donde Markus va a vivir durante la estación seca. De nuevo, la seguridad por nuestra salud fue lo primero: sin camiseta y con los Crocs en los pies andamos algo más de 3 horas. Podéis estar tranquilos/as, no hay tigres. Tan solo hay jabalíes, perros y gallinas salvajes, además de las clásicas arañas y serpientes venenosas (nota: estoy volviendo a ser irónico).

Hago un paréntesis para puntualizar una anécdota. El número de personas de distintas nacionalidades con las que he mantenido conversaciones ha aumentado a 26. Aquí he contactado con gente de Canadá, Vietnam, Sri Lanka y Malasia, aparte de los birmanos. En mi segundo paso por Chiang Mai conocí a un tipo de Trinidad y Tobago, al que no había contabilizado hasta ahora. ¡Me encanta!

Haciendo referencia a mi vida diaria, destaco un par de momentos especiales. El primero de ellos se produce cada día a las 04.00 y a las 18.30. Debido al clima, aquí hay muchos mosquitos y es necesario protegerse de ellos en las primeras y últimas horas de luz del día. Así pues, el Sima Hall se llena de mosquiteras individuales. Parece un campo de capullos de gusanos de seda gigantes. La imagen es increíblemente bella. Parece la descripción gráfica de la paz y la armonía.

El segundo momento, es lo que me ha dado oxígeno para poder aguantar los primeros días. Es el ejemplo más claro y visual de que todo es impermanente. Me explico. A las 18.00, todos los monjes se agolpan alrededor del árbol de Buddha para prender sus velas e inciensos, hacer sus plegarias y después irse a meditar. Podríais pensar que la situación es relajada y tranquila, pero no. Se oyen risas, murmullos y se ve algún que otro empujón.

Siempre me espero al final, cuando ya no queda nadie. Entonces, me doy cuenta de que el trajín vivido minutos antes deja paso a un profundo silencio, un intenso olor a incienso y velas a medio quemar. En ese momento, enciendo mis velas e inciensos, me acuerdo de todos/as vosotros/as y doy gracias al universo por haber sido capaz de salir de mi zona de confort. Llegar hasta aquí y poder averiguar, hacer frente y superar todos mis miedos y las causas de mi sufrimiento es lo mejor que podía haber hecho en mi momento vital actual. Es un gran ejercicio y os lo recomiendo encarecidamente.

14 / 04 / 1984

Me doy cuenta de que el blog ha adquirido vida propia. Se está escribiendo solo. He pasado de contaros aventuras a compartir experiencias y emociones personales. Entended lo que os cuento como mi opinión subjetiva acerca de las enseñanzas budistas, por favor. No quiero parecer dogmático ni egocéntrico. Os cuento mi versión íntima de lo que estoy viviendo. No pretendo, en ningún caso, que parezca que relato una verdad absoluta.

El motivo por el que decidí empezar este viaje, era encontrar trabajo en Tailandia. Lo he encontrado. Pero ha resultado no ser lo que me imaginaba. Se trata de un trabajo interno con el que desarrollarme. Después de los pasos que he dado, mis siguientes objetivos son:

– conseguir estar atento (presente) el mayor tiempo posible, hasta en las acciones menos extraordinarias,

– ser ecuánime, es decir, no juzgar ninguna situación que se plantee ya que la realidad es la que es,

– ser compasivo conmigo mismo, o sea, aceptar que esto llevará un tiempo y que es una de las tareas más complicadas a las que me he enfrentado jamás

Después de este paréntesis, vuelvo a mi historia donde la dejé. Como ya os dije en mi última entrada, incluimos un nuevo miembro al equipo después del curso. Al salir del centro paramos en un mercado local a dar una vuelta y comer algo. La gente nos miraba atónita. Debíamos ser los primeros turistas que paseaban por Intako en años y éramos seis personas, nada más y nada menos. Nos subimos al techo de un Pick Up y nos dirigimos hacia nuestro nuevo destino: el pueblo más cercano a la »Golden Rock» (para más información pinchad aquí).

En este momento del viaje se produjo una situación bastante divertida y peligrosa, en cierto modo. Nadie supo nunca el nombre del pueblo ni del hotel donde estábamos alojados. ¿Os imagináis qué habría pasado si todos o alguno de nosotros llega a perderse por ahí? Bueno… en realidad, nada tan tremendo. El único problema habría sido cómo decirle a un birmano que te lleve al pueblo más cercano de la Golden Rock. Al intentar decírselo, igual te lleva a la misma roca. Lo busqué mientras escribía el post: era Kinpun.

Sigo. El día de la visita tuvimos un nuevo miembro en el grupo que conocimos en el camión que nos llevó a la falda de la montaña. Una publicista australiana llamada Anna (36). Pasamos un día muy intenso. Recorrimos un largo camino a pie hasta la roca bajo un sol abrasador, nos sacamos miles de fotos, meditamos a la sombra del monumento y reímos muchísimo.

Al día siguiente, después de una meditación en grupo, despedimos a Mike y Anna. Sentí un poco de tristeza, pero en seguida me di cuenta y, conscientemente, decidí no dejarme llevar por ella. He vivido grandes momentos con ellos, pero me quedan muchos más por delante así que no quiero quedarme atascado en ellos y perderme lo que tiene que venir (un claro ejemplo de la ley de la naturaleza, ¿no os parece?).

El Meditation Team se dirigía a su nuevo destino: el templo budista de Pa’Auk Tawya, a 15km de Mawlamyine. Aquí es donde os he escrito los últimos 3 posts y donde el grupo se separará. Robert se marcha el día 3 de abril, Markus se ordenará monje en unos días y es probable que se quede varios años por aquí, Cris y Matt no tienen fecha de regreso prevista, y yo, sinceramente, no tengo ni idea. Quizás alargue mi visado de meditación, que expira el próximo 4 de junio, para seguir aprendiendo aquí, o quizás me vaya antes. Aparece, de nuevo, un gran ejercicio para mí. Reconozco que he generado apego hacia ellos y que necesitaré estar observando constantemente mis pensamientos estos próximos días.

Este sitio parece una universidad de meditación. Hay unos 700 monjes y faltan unos 200 más, que están de retiro y volverán en unos días (y eso en la estación calurosa; parece ser que en la estación de lluvias hay más todavía). Aquí se enseña la doctrina de Buddha al pie de la letra y el horario de meditación es algo más relajado que en el curso Goenka: siete horas y media de »sitting meditation» y una de »walking meditation» diarias. Ahora, madrugamos todavía más. Nos levantamos a las 03.30 y la primera meditación de hora y media es a las 04.00.

Debo confesar que no todo fue bonito al llegar. En cuanto entramos, sentí vértigo. Creo que tiene que ver con la energía de este sitio, ya que el miedo y la frustración casi se apoderan de mí. Por suerte, tengo a mis compañeros de viaje para apoyarme en ellos. Al explicarles mis sensaciones y recibir sus opiniones al respecto me convertí en observador. Mi identificación con ellas se evapora suavemente. Creo que voy a gozar y aprender mucho estas próximas semanas. Ya veremos.

Por último, deciros que he decidio alargar mi viaje. He cambiado la fecha de regreso a Barcelona para el 22-23 de diciembre. Aun no tengo decidido mi próximo paso, viendo cómo ha ido cambiando todo en las últimas semanas es difícil de anticipar. Ya os seguiré contando.

En este día cumplo 29 años (programé este post el día 5 de abril). La primera vez lejos de familia y amigos, y celebrándolo en un monasterio budista… Difícil de predecir hace unos meses, está resultando ser más que interesante.

Aquí estoy yo tapándome lo máximo posible del sol con un turbante improvisado y «Tanaka», una crema local: