Cambio de look

Como habréis podido observar en posts anteriores, he cambiado de imagen. Me ayudaron Cris, ejerciendo de peluquero y Robert, de fotógrafo. Os paso algunas de las fotos del momento. Debo decir que los dos insistieron mucho para que me dejara una cresta. No lo vi nada claro, así que desistí y acabé rapándome la cabeza entera. Ardua labor, dado el tamaño de mi almendra.

Para vuestra información, sigo en Myanmar (supongo). Escribo estas lineas el miércoles 6 de marzo, no quería alargar todavía más la entrada de The Magic Bus con esta historia (por otra parte, absolutamente prescindible), y programé su publicación para el día del cumpleaños de Eva.

FELICITATS SISTER!!!! Espero que els 26 siguin el millor any de la teva vida, fins ara. T’enyoro i penso molt en tu des que vaig marxar a l’altra punta del món. Viu, sent i lluita pel què vols. La felicitat no es troba en l’objectiu que persegueixis, sigui quin sigui, sinó en el camí que recorris per aconseguir-lo. T’estimo.

A propòsit, quan torni ens fem un fiestón Granja per celebrar-ho, ok?

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The Magic Bus (Segunda parte)

Pasamos 3 días en Chiang Mai acompañados de Melanie, una chica suiza que conocimos en el templo. Allí probé los ‘thai massages’ para recuperar la sobrecarga en espalda y rodillas causada por la postura de meditación, me dí un baño diario en la piscina de la guest house y diseñamos la hoja de ruta a seguir para cerrar el tema del visado a Myanmar. Como curiosidad repugnante, deciros que la última noche pude observar de cerca como una rata sarnosa salía de un cubo de basura de la barra de la recepción de la guest house. Debo confesar que al llegar a la habitación miré debajo de la cama.

La siguiente parada fue en Ayutthaya, a dos horas de Bankok. Fue un viaje de 14 horas en tren, en el que me dediqué por completo al macramé. Cris me enseñó a hacer pulseras y acabé con la primera escasos minutos antes de llegar. De nuevo, el timing fue perfecto. Pasamos 24 horas en la ciudad y aprovechamos para salir a visitar las ruinas del templo Maha That. A continuación os presento una serie de imágenes. La primera de ellas fue tomada a la salida del tren, en un barco que utilizamos para cruzar el río que rodea la ciudad.

En la guest house donde dormimos, volví a tener un encuentro considerablemente desagradable. Me fui a la cama antes que Cris, mi compañero de habitación. Allí ocurrió todo. Estaba en la primera fase del sueño y entonces lo noté. Un hormigueo desconocido en mi pie izquierdo. ¡Una cucaracha tratando de escalar por mi cuerpo! Ahogué un grito e intenté no focalizar mi atención en la sensación de asco que recorrió mi espina dorsal. Me costó volver a dormirme. Otro nuevo ejercicio puesto delante de mí para practicar mi presencia observando las emociones y dejándolas pasar sin quedarme atascado en ellas.

El último relato de mi historia sucede en Bangkok. El ‘meditation team’, como nos gusta autodenominarnos, se reúne. Cinco viajeros solitarios. Cinco países de proveniencia distintos. Cinco culturas. Cinco historias. Nos encontramos en este momento de nuestras vidas para compartir conversaciones genuinas (término tomado prestado de Txiqui) y para aprender a meditar. Con ellos he vivido momentos inolvidables e irrepetibles. He aprendido cuán efervescentes son dichas vivencias, es decir, ¿cuántas probabilidades hay de que nos volvamos a reunir los cinco? Cuando me despida de ellos, les daré un abrazo infinito y me dirigiré hacia mi siguiente momento vital. Sin mirar atrás. Sin tristeza. Sabiendo que seguiremos estando cerca de algún modo.

Es tal la conexión que tenemos, que el otro día Markus propuso que viéramos una película en el Netbook de Matt. Éste dijo, que tenía unas veinte o treinta. El primer título que dijo (Into the wild), ¡fue aclamado por todos! La vimos en la pequeña pantalla, sentados muy apretados en mi cama, compartiendo un vaso de té de jengibre y otro de leche de soja con unos tropezones desconocidos. Fue un momento de hermandad máxima. Solo puedo añadir una cosa: thank you guys!

Y ante esta situación surge un nuevo ejercicio para mantenerme presente y consciente: frenar la euforia. Observar la emoción, gozar de ella y dejarla pasar sin juzgarla. No sólo debemos observar las emociones negativas, también las positivas. Al hacerlo, tomamos conciencia de ellas y nos liberamos de infinidad de pensamientos que distraen nuestro ser. Evitamos crear expectativas. También apegos. Estamos más libres para dar el paso al siguiente momento y prestarle toda nuestra atención.

No tengo una foto del grupo todavía, pero os puedo presentar a Robert:

The Magic Bus (Primera parte)

Este post vuelve a ser un poco distinto a lo que os tengo acostumbrados/as. Pasado mañana viajamos a Bago (Myanmar) para realizar el curso de meditación del que ya os hablé. Tengo varias vivencias de diversos días que me apetece compartir y os las presentaré a continuación junto con algunas imágenes.

En mi último post olvidé contaros una enorme, o mejor dicho, infinita coincidencia. Resulta que mi sexto día en el templo Pa Tam Wua, era el Buddha Day, ¡la fecha más señalada en el calendario budista! Lo he calculado y tenía un 2,192% de probabilidades de estar en el templo para la celebración. ¿Casualidad o causalidad? Da que pensar, por lo menos. Jamás había oído hablar de él (para más detalles, pinchad aquí), pero es tan relevante que cerca de 200 personas tailandesas acudieron al templo para celebrar la iluminación de Buddha, la noche del 25 de febrero, y se unieron a nosotros. El programa nocturno varió sensiblemente ya que realizamos una breve ‘walking meditation’ alrededor de la sala central.

Todos llevábamos un ramillete de flores, incienso y una vela. Liderados por los 6 monjes y acompañados del silencio más profundo, dimos tres vueltas a la sala. Fue una gran experiencia, ya que en este tipo tipo de ejercicios sueles centrar toda tu atención en la planta de los pies. La idea es calmar la mente, dejar pasar las ideas y pensamientos que te surgen y focalizarte en el tacto de las superficies que vas pisando. En este caso, me centré total y absolutamente en mantener la vela encendida. Difícil tarea ya que la sala en la que estábamos está totalmente abierta al exterior. Lo logré. Conseguí dejar de pensar durante ese ejercicio y gocé de una posterior profunda ‘sitting meditation’.

Un par de días después Cris y yo nos animamos unirnos al trío que iba a realizar el curso en Myanmar (Markus, Matt y Robert), así que decidimos ir a Mae Hong Son a rellenar el formulario de inscripción. Abandonamos el templo con nuestras ropas blancas ya que nos dijeron que facilitaría el autostop. Así fue. Recorrimos el primer tramo en la caja de un pick-up, el segundo en un Tuk Tuk y el tercero en un autobús. Este último es el que da nombre al post (sacado de la película ‘Into the wild‘). Se trataba de un autobús de una academia militar al que nos montamos sin que éste detuviera su marcha. Fuimos recibidos con sonrisas, y algunas pocas palabras en inglés, por parte de todos los jóvenes de 21 y 22 años, y sus comandantes. Al sentarnos, ¡tuvimos que apartar las metralletas y las granadas del suelo con los pies!

En las fotos anteriores aparece Cris. Robert es el fotógrafo. Lo conoceréis en la segunda parte de The Magic Bus. Nos dimos cuenta del detalle de los dos corazones del pick-up de vuelta al templo, así que frenad vuestros impulsos, no hay ningún mensaje escondido detrás ;). Antes de llegar a Mae Hong Son, realizamos una parada técnica en un templo a las afueras de la ciudad y nos sacamos fotos con los chicos. Parecíamos estrellas de Rock. Todos querían una. No sacamos ninguna con mi móvil así que no tengo imágenes del momento, lo siento.

En el mismo instante en el que rellenamos el formulario de inscripción, compramos el billete de avión. No sabíamos si íbamos a ser aceptados. Pese a ello, seguimos adelante. Lo cierto es que decidir realizar el curso y nuestra incorporación al grupo fue tan sumamente sencillo y natural que no nos paramos a contemplar un escenario en el que recibiésemos una respuesta negativa. No nos equivocamos. Nos vamos mañana. La fecha prevista de regreso es el martes 26, pero podría cambiar.

Cris, Robert y yo abandonamos Pa Tam Wua el día siguiente. Quedamos con Markus y Matt en Bangkok el domingo para cerrar el tema del visado de meditación en la embajada de Myanmar. Tardamos ocho horas en recorrer los 230km de curvas que nos separaban de Chiang Mai en un autobús local bastante escacharrado. No me cabían las piernas, y el adolescente que se me sentó al lado se quedó frito en mi hombro. Sin aire acondicionado, qué calor pasé… Pero no me quejo, pagamos 3,75€ y ¡por lo menos el chico no babeaba! .

Perdonad, pero me tengo que ir. Sigo luego.

Wat Pa Tam Wua

Ocho días y siete noches. Ese el tiempo que he dedicado a mi primera experiencia de meditación en el templo budista Tam Wua. El lugar era paradisíaco, parecía un paréntesis de este mundo. Situado en un pequeño valle rodeado por montañas de distintos tamaños, contaba con una flora y fauna totalmente desconocidas para mí.

Mi día a día del templo era bastante rutinario. En pie a las 6.00 para ver amanecer el día mientras realizaba 40 minutos de estiramientos en el punto más espectacular de los jardines. En las siguientes fotografías podéis ver la vista desde la puerta de la habitación compartida donde he estado alojado. En el centro de la segunda imagen encontraréis el banco que me servía de apoyo en mis ejercicios. Y la tercera, es la vista que tenía desde allí.

A las 6.45 sonaba el primer ‘Gong’, señal de que había que dirigirse a la sala principal a ofrecer el desayuno a los monjes. Después del ritual, alrededor de las 7.10, desayunábamos. A las 8.30 empezaba la meditación matutina: una hora y cuarto de meditación caminando descalzos (walking meditation), 45 minutos de meditación sentados (sitting meditation) y 30 minutos de meditación tumbados (lay down meditation, a la que cambiamos el nombre por ‘sleeping’ meditation, ya que no había quien aguantase despierto).

A las 11, nueva ofrenda a los monjes y última comida del día (resultó ser menos duro de lo que parecía en un principio). Gozábamos de tiempo libre hasta las 13.00. A partir de ahí, mismo programa de meditación. A las 16.00 tocaban labores de ayuda al templo. Yo siempre elegí barrer hojas del jardín, ya que la actividad permitía seguir bastante focalizado en el presente. El tiempo de ducha y lavandería manual de la ropa blanca que nos ceden a los asistentes era de 17.00 a 18.00. A partir de ahí, cánticos vespertinos y última sesión de meditación sentados. A las 20.00 todos convocados para ir a nuestra habitación a seguir meditando o dormir.

El idioma usado en Tam Wua era el inglés, muestra de que estaba dirigido a foráneos. Un dato increíble, ¡en mi estancia mantuve contacto con personas de 20 nacionalidades distintas! Los países representados eran: Rusia, Irlanda, Chile, Inglaterra, Bélgica, Polonia, Hungría, India, EEUU, Brasil, Suiza, Alemania, Austria, España, Portugal, Francia, Eslovenia, Gales, Korea del Sur y Tailandia. Otro dato interesante es que la mayoría de asistentes viajaban solos. Perfiles, culturas y ‘backgrounds, totalmente distintos… Pero las mismas preguntas sin responder.

Entré en el templo agobiado y con sensación de abandono por la soledad y la distancia con mi familia y amigos. Perdido en un mar de dudas. Preocupado por el siguiente paso en mi vida, totalmente focalizado en un futuro aterrador. Después de innumerables conversaciones profundas con completos desconocidos que habían pasado o se encontraban en el mismo momento vital que yo, y las primeras horas de meditación, noté un cambio radical. Lo puedo resumir con una frase pronunciada por Jane, el chico indio: IT’S NOT TOO LATE.

Quiero aprovechar mi viaje para profundizar en la meditación. Por eso mismo, el jueves que viene viajo a Birmania a realizar un curso de 10 días y 11 horas diarias de meditación con Cris (Chile), Robert (Hungría), Markus (Alemania) y Matt (Inglaterra). Pinchad aquí si os apetece saber algo más del tema. Por este motivo, volveré a pasar unos días sin escribir.

Mañana viajo a Bangkok para resolver temas de visado. Intentaré encontrar un hueco para compartir con vosotros un par de anécdotas que sucedieron el miércoles pasado en mi visita a Mae Hong Son para realizar la inscripción al curso y comprar el billete de avión.

A continuación adjunto un archivo con más fotos del templo: Wat Tam Wua

¡Encontré el templo de Pa Tam Wua!

Mañana más que interesante la del día de hoy. Al final he recorrido unos 150km entre la ida y la vuelta de Pai a Mae Suya. El scooter ha funcionado a la perfección. Debo decir, que había ciertas probabilidades de que me dejara tirado visto el estado en que se encontraba. Durante el camino he parado a sacar un par de fotos. En el mirador de Pang Ma Pha, segundo del camino, se me ha acercado una señora a pedir algo de comer. He compartido con ella la mitad de un bollo y, a cambio, le he pedido que me dejase fotografiarla. Eso sí, ¡no hemos intercambiado una sola palabra en el mismo idioma!

El primer mirador en el que me he parado ha sido en Kiu Lom, y esta es la foto  que he tomado a las 7.45 y que quiero compartir con vosotros:

Y para que os hagáis una idea de la ruta, os paso una imagen del mapa que le compré de segunda mano a un francés de Baiona con quien me topé ayer por la noche. Hago hincapié en este inesperado encuentro porque el día anterior conocí a dos chicas israelíes en bus de Chiang Mai a Pai, quedamos por la noche del día siguiente para tomar algo y ‘me traen’ a este surfero que me brinda su ayuda. ¿Es una coincidencia o hay algo más por ahí que me está echando un cable?

Mañana voy de nuevo al templo de Pa Tam Wua para quedarme unos 7 – 10 días, así que mi actividad bloguera se verá paralizada. El sitio no tiene electricidad, ni cobertura, así que estaré, por primera vez en mi vida, aislado de todo el mundo que conozco.

Aprovecho este post para enseñaros las fotos que he sacado en Pai. En la primera de ellas conoceréis a Alex. Lo conocí en Mae Sot y nos encontramos aquí por casualidad. Después veréis algunas de las calles que fotografié cuando estaban vacías (no os imagináis la de gente pasa cada día por ellas) y un molino de río. Por último, los dos bares más hippies en los que he pasado una horas de charla con gente con la que sólo compartiré ese rato de mi vida.

Así me despido. Un petó a tots i totes i fins ben aviat!

Chiang Mai

Primera aventura en solitario. Me vendieron la ciudad como una maravilla. Es bonita, sí, pero un poco fría para los que viajan solos. Ahora estoy en Pai, y he conocido a varios que han pasado por allí que han llegado a la misma conclusión. Poco a destacar, salvo el casco antiguo y los innumerables templos. Un día es más que suficiente para dar el salto a otro lugar.

Para resumir mi visita, lo que más me gustó fue la frase que veis como imagen destacada de este post. La última parte es cojonuda, ¿no?

En mi última entrada, Txiqui pidió serpientes. Hi haurà algu drac oncle, però temo que no és el que t’esperaves… 😉

Templo de Chedi Luang:

 

 

 

 

 

Aquí van unas imágenes del templo Phan On: 

 

Creo que con estas fotografías ya queda claro qué es lo que vi en mis 24 horas en Chiang Mai. Acabé acompañado de Leo en un bar rastafari cerca de mi guest house después de un paseo de más de dos horas por el mercado nocturno la calle Wualai Rd…

Mañana me levanto a las 6.00. Cogeré la moto que he alquilado y me iré de Pai a Mae Hong Son en busca de un templo llamado Pa Tam Wua. Mi idea, quedarme en él una semana para compartir la vida de los monjes budistas. Son 110km de curvas por carreteras de dudosa pavimentación, a realizar con un Scooter 125cc. ¡Aventura pura y dura! Ya os contaré…

 

Cascadas de Umphang

Después de la boda, nos dirigimos a Hsa Kaw Sher (cuyo significado es ‘Estrellas en la frontera’). Se trata de un pequeño pueblo Karen situado en las montañas, a unos 15km del límite con Birmania. Allí reside una pequeña comunidad, que nos acogió para pasar la noche. Precisamente, es donde Yim se crió. Las vistas, increíbles…

Con el fin de querer mostrar el elevadísimo grado de hospitalidad de esta etnia, deciros que nos cedieron las mejores instalaciones del lugar. Nuestras habitaciones, eran dos pequeñas construcciones realizadas en adobe, que contaban con una gran cama de madera tallada a mano. El único inconveniente para un ‘guiri’ como yo, es que el colchón tenía un grosor inferior a mi dedo meñique. Pese a ello, pude dormir las horas que mi cuerpo necesitaba y pasé una noche única e inolvidable, rodeado de sonidos de la naturaleza que jamás había escuchado.

Nos levantamos a las 6.30, ordenamos la habitación, cojimos el traje de baño y nos fuimos a Umphang a desayunar. Con el estómago lleno, subimos al pick-up de Yim y recorrimos 26km por caminos de montaña a toda velocidad. Nuestro destino, las más altas cascadas de todo Tailandia. Una vez hubimos aparcado, nos adentramos 1,5km por una jungla espesa donde predominaba el bambú.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegamos acalorados por la caminata y con el único objetivo de gozar de un baño en tan especial entorno. Encontramos un estrecho camino que se dirigía a una gran poza situada en el segundo nivel y, sin dudarlo, nos zambullimos. Pareció que el tiempo se detenía, así que no soy capaz de definir cuánto rato pasamos en esas aguas.

Para concluir, quedaban los 26km de vuelta. Esta vez, Fon, Albert Company y yo decidimos colocarnos en la caja del pick-up. La ida dentro del habitáculo se me hizo larga, pero la vuelta se me pasó en un suspiro. Parecía que fuéramos los protagonistas de un videojuego, ya que debíamos ir esquivando ramas constantemente y escupiendo los bichos que nos entraban en la boca (esto último, es broma, ¡es difícil tirar de ironía al escribir!).

Después de una ducha en el río cercano a Hsa Kaw Sher, pude ver a Suppa (niño de unos 12-14 años) tocando una guitarra desafinada y a la que le faltaban 4 cuerdas. Sin dudarlo, me acerqué a él y me senté a su lado para escuchar los cánticos Karen que estaba practicando. No me atreví a sacarle una foto, no quería romper la magia del momento…

Después de la cena, todos los niños del poblado salieron a jugar. Un grupo de niñas me invitó a jugar al escondite y al ‘pilla – pilla’. Sin darme cuenta, el grupo se había multiplicado. Los gritos y risas eran constantes. En ese momento me invadió una sensación desconocida. Notar tal cantidad de afecto, prácticamente desde el instante en que me conocieron, me llenó de paz y tranquilidad. No había juicios de valores, no se me encasillaba por mi religión, procedencia o estatus. De este modo, puse en duda ciertas «verdades absolutas» que rigen la cultura occidental. Pero este es un tema en el que no profundizaré, por ahora…

El día terminó en casa de Yim. Albert y yo nos decidimos a hacer una tortilla de patatas. No lo conseguimos. El principal motivo era que no había patatas, así que decidimos sustituirlas por lo que parecían berenjenas. Al final, el ingrediente en cuestión resultó parecerse más un pepino. El resultado final fue un revuelto de pepino rosado, cebolla y jamón.

  • NOTA: Estoy a la espera de que Pop me mande sus fotografías para incluirlas en el post. Ahora nos vamos a Laos. Disculpadme.

Boda Karen en Banklothor

Brutal. Incomparable. En definitiva, mi primera gran experiencia de otro mundo. Como ya os avancé en mi último post, este fin de semana he asistido a una boda Karen, una de las etnias que coexisten en Tailandia. Considero que lo vivido estos dos días merece ser contado con todo detalle, así que cambiaré un poco la dinámica que he venido siguiendo desde el principio para compartirlo con vosotros. Así pues, veréis que este post y el próximo serán algo más extensos y vendrán acompañados de más fotografías.

Esta oportunidad surgió a través de Yim (amiga de Albert Company y Fon). Ella es Karen y la pareja que se casaba (Anne y Poda), eran amigos suyos. Se trataba de una breve cerimonia religiosa cristiana a media tarde, seguida de una suculenta comida y un acto de clausura al anochecer en un pueblecito llamado Banklothor, cerca de la frontera con Birmania.

Albert y yo éramos los únicos extranjeros entre los 180 – 200 asistentes. Difícil pasar desapercibido, pese a vestir sus típicas vestimentas festivas… Un hecho que quiero destacar en este momento, es la asombrosa hospitalidad que mostraron hacia nosotros. Tanto es así, que tres mujeres de unos 60 años nos invitaron a compartir su mesa sin tan siquiera mediar palabra. Lo único que intercambiamos varias veces fueron sonrisas de complicidad. Hubo un momento en que recordé a la Lola, ya que las tres comían con las manos. Decidí hacer lo mismo. ¿Será verdad que la comida sabe mejor así?

Al terminar de comer, decidimos ir a dar una vuelta por el pueblo. Podría definirlo con miles de palabras, pero tan sólo utilizaré una, espectacular. El paseo terminó en casa de unos amigos de Yim. Otra nueva inolvidable escena. Saludamos a toda la familia y la abuela (¡de 86 años!) decidió sentarse en el suelo para compartir un trozo de ese momento con nosotros. De nuevo, lo único que intercambiamos fueron sonrisas.

De ahí fuimos al acto de clausura, en el que pudimos deleitarnos con 3 cortas actuaciones musicales. La primera de ellas fue interpretada a capella por unos adolescentes, la siguiente por un coro de niños acompañados por una guitarra y la última por fue cantada por el pastor y tres acompañantes.

Por último, y como anécdota, añado que el centro de este acto de clausura fueron dos discursos interminables. Imaginaos cuan largos se hicieron que conté ¡a más de 30 personas completamente dormidas en sus sillas!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Día de trabajo en la escuela Kwel Kha Baung

Agora Architects, creada por Albert Company i Jan Glasmeier, diseñó y dirige la construcción de una escuela para 400 niños. El terreno sobre el que se está edificando ha sido cedido por su propietario para un período de 10 años. Los objetivos principales perseguidos por los dos arquitectos son:

– Utilizar materiales sostenibles, acordes con el entorno y de bajo costo. Por este motivo, se decide construir cada una de las aulas con Adobe

– Conseguir el correcto aislamiento, tanto del calor como de las lluvias

– Asegurar la duración de la estructura para el período comentado

– Por último, y no menos importante, formar a trabajadores locales en el uso de herramientas y materiales abundantes de la zona

El pasado jueves 7 de febrero, Pop y yo fuimos invitados a compartir con los trabajadores birmanos una mañana sobre el terreno. A continuación os presento a Ooklo, capataz de la obra y compañero de piso de Albert, y un par de imágenes de ladrillos de adobe y del estado actual de la escuela:

Puesta de sol en el hotel abandonado

En primer lugar, disculpad la falta de acentos de este post. Estoy escribiendo con un ordenador thai…

Aqui os presento una serie de fotos tomadas la tarde del pasado miercoles en un hotel sin acabar de construir en los alrededores de Mae Sot. Sere breve, ya que en unos minutos nos vamos a Umphang a presenciar una boda Karen.

Aprovecho para presentaros a Pop:

A continuacion os paso un reducido resumen de lo que vimos durante la tarde…